La cuña contra el femicidio
No dudo de la buena intención del Ministerio de Desarrollo Social para terminar con los femicidios, pero considero que a la campaña le faltó algo y no llenó el cometido que se esperaba. En cambio, el efecto pudo haber sido otro.
Las imágenes sobre una pareja, supuestamente feliz durante el noviazgo y que se juraba amor eterno durante la boda, para terminar con el amargo despertar con los golpes y finalmente el asesinato de la mujer ( que se insinúa con las imágenes de la tumba), podrían tener un efecto contraproducente en las personas solteras y casadas.
A las primeras, sobre todo del sexo femenino, la cuña podría generar temor al matrimonio, porque lo que parecería ser un cuento feliz, tendría un final fatal.
Con la cuña, las personas casadas también se verían empujadas a divorciarse por cualquier motivo.
Por ello, no creo que quienes objetaran la cuña lo hicieran movidos por un interés político y en cambio considero que lo más saludable fue retirarla del aire.
Hay señales que indican hasta dónde se debe seguir y terminar una relación, porque una vez que empieza, la violencia es un círculo que se repite y repite una y otra vez.
Todo empieza en el hogar, en la educación y el ejemplo que los padres dan a sus hijos, y que luego éstos repiten en su vida adulta.
Estoy de acuerdo con Toribia Venado, del Instituto Nacional de la Mujer, en que debe acabarse con aquello de que “en pelea de marido y mujer nadie se debe meter”.
Recuerdo el caso de una mujer, quien huyó del hogar cansada de los golpes que recibía del esposo, pero aunque eran evidentes en su rostro, no recibió apoyo de familiares y mucho menos de amigos. Aunque los vecinos escuchaban los gritos y las golpizas, nadie intervenía, porque, al día siguiente en esa casa todo estaba como si nada hubiera pasado. Nada hubiera pasado, se creerían ellos, pero el drama seguía.
La mujer, que es víctima de maltrato, termina con muy baja autoestima, sintiéndose culpable y merecedora del castigo, mientras sus hijos sentirían temor y al final alguno intervendría para defenderla aunque sea golpeando a su propio padre. Y ni hablar si el marido no es el padre de los hijos de ella.
Con este escenario, tendríamos más conflicto social, los hijos buscarían en la calle lo que no tienen en el hogar y en cambio terminarían cometiendo delitos y actuando igual que el padre en su vida adulta, golpeando a otras mujeres.
También recuerdo a un compañero de escuela, excelente alumno, quien murió asesinado por su padrastro cuando intentó mediar entre su madre y éste. Lo triste además de esta situación, es que una vez el hombre salió de prisión, ella volvió con él pese a haberle matado al hijo.
Hoy, que hay un Instituto Nacional de la Mujer, el mensaje sería elevar la autoestima de la mujer, promover en las escuelas, iglesias y en todas las actividades el respeto los unos a los otros y de dar tratamiento tanto a los agresores como a las víctimas.
