La Bitácora –Jueves 14 de junio de 2012
El juego de la corrupción
La estructura gubernamental panameña está secuestrada por la corrupción, especialmente en las esferas altas del poder.
No es un tema de unos versus otros. Todos los que participan de la vida política lo saben y sin embargo, ocultan una verdad al pueblo en general.
Lo que se vive aquí, es algo muy similar a lo que se vivía en las antiguas repúblicas socialistas. Todos criticaban el sistema, sin embargo, todos cooperaban con el sistema haciendo ver que eran buenos comunistas.
Desde aquellos que delataban a sus propios compañeros, (que puedo hacer, me obligaron), hasta aquellos que en la vida política actuaban como verdaderos comunistas y en sus esferas privadas estaban claro que el sistema en algún momento se derrumbaría.
Pero, el juego requería de todos y mediante expedientes, donde se documentaban los pecadillos políticos de cada ciudadano, se ejercía el control social.
En nuestro país, todo el tema de los expedientes que se levantan, están relacionados con pecadillos de corrupción gubernamental o actuaciones ilegales patrocinadas desde la esfera gubernamental.
La idea detrás de los expedientes es que, quien los tiene, se protege a su vez de las fechorías que comete, haciendo ver que los adversarios también hacían lo mismo, por lo que deben guardar silencio y no criticar conductas similares a las que en su momento realizaron.
Cuando los gobernantes actúan así, lo que pretenden es sustituir la culpa subjetiva, por una culpa objetiva. Cuando todos pueden ser catalogados corruptos, como algo objetivo, se institucionaliza la corrupción, como algo que viene con el ejercicio del poder.
Solo hay dos maneras de solventar estas enfermedades sociales. La primera es mediante el distanciamiento del ciudadano a todo lo relacionado a la actividad política, viviendo y disfrutando sus pequeñas alegrías y manteniendo una actitud de total indiferencia a la clase política y sus actuaciones. No participar y ni aceptar el juego es una opción.
La segunda opción es cambiar las reglas del juego. Esto solo puede producirse, luego de un colapso de la gobernabilidad existente y sustituyéndola por otras reglas que reacomoden a los factores de poder.
Por el momento, la primera opción parece ser la más viable. La corrupción está minando al país e inclusive a las empresas y a las organizaciones civiles públicas y privadas.
Cada quien deberá buscar la forma de cómo extirpar el cáncer. Culpar a otros de corrupción, para tener la oportunidad de hacer lo mismo, es un juego macabro con consecuencias dañinas para la sociedad. Que cada quien cargue con su Karma.
Al final todo rebota de alguna forma y las consecuencias del daño la pagan los culpables o sus descendientes.
