La Bitácora-Viernes 15 de junio de 2012
En el año del hidalgo
Cada acción que realiza este Gobierno y que tiene que ver con aspectos ambientales, económicos o de grandes obras públicas, intuitivamente tiene la percepción de que detrás de ello hay un negocio montado.
Con las resoluciones de la Corte Suprema de Justicia que anulan sendas resoluciones de protección al humedal de la Bahía de Panamá, la percepción es que con ello se pretende dar paso a la construcción de urbanizaciones y proyectos inmobiliarios para favorecer a ciertos empresarios que coparticipan con figuras del Gobierno en grandes negociados de tierras.
Hay inclusive la percepción que, tanto las autoridades de la Autoridad Nacional del Ambiente así como la Autoridad de los Recursos Acuáticos, están siendo directamente presionados para asentir a emitir resoluciones y autorizaciones que están fuera del marco de la ley y de la protección ambiental a la cual deben velar.
En materia de obras públicas pasa algo similar, sin que su actual Ministro haya sido capaz de someterse a una rendición de cuentas con la participación de entes gremiales como la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos y la Universidad Tecnológica, para que presenten un informe sobre la veracidad de los costos de las obras públicas en ejecución y la calidad de las carreteras que se construyen con asfalto.
En materia económica, tanto la creación de un fondo soberano, las reformas a la ley del sector eléctrico y las ventajas ofertadas a la generación eléctrica con gas natural, dejan el sinsabor de si detrás de estas leyes hay intereses personales, interés por vender las acciones de las empresas de telecomunicación y electricidad para cubrir déficit o dilapidar el ahorro nacional.
Faltando ya dos años para que se acabe este Gobierno y con una popularidad en picada, se les torna muy difícil que la población les reconozca méritos a sus propuestas.
Es práctica común de todo gobierno, con algún plan o programa, realizar sus propuestas y cambios en los primeros dos años de gobierno cuando se goza de alta popularidad.
Ya en la terminación de su período los gobiernos se transforman en momias vivientes. En los Estados Unidos los denominan “lame duck”, un Presidente saliente y sin poder.
Mientras el país entero se prepara para el siguiente torneo electoral, ya nadie le importa lo que le quiera ofertar al país el Presidente saliente. Todos están a la expectativa de lo que viene en el futuro.
Y si las medidas legislativas tienen que ver con asuntos económicos, venta de empresas estatales o cambios de leyes ambientales, los pueblos lo interpretan como producto del año del hidalgo o del saqueo del tesoro nacional en los últimos años de un gobierno. La frase es original de México.
