¡Cuidado con las provocaciones!
En los últimos días me ha llamado poderosamente la atención el actuar de ciertos funcionarios, quienes de manera orquestada, vienen realizando acciones que rayan en la provocación, ignorando que este tipo de dificultades se sabe cómo inician, pero no cómo terminan.
La presentación este lunes ante el pleno de la Asamblea Nacional del anteproyecto de ley que busca vender las acciones que tiene el Estado en la empresa telefónica Cable & Wireless, en momentos en que la ciudadanía rechaza la venta de las acciones de la empresas eléctricas, fue una jugada que ningún estratega político la avalaría, a menos que detrás de esta acción haya algún objetivo que los demás desconocemos.
Además, el hecho de cercar la Asamblea Nacional, un día después de que en ese órgano se escenificaran enfrentamientos, para que el pueblo no ingresara a este recinto, es otro claro ejemplo de provocación por parte de quienes dirigen la cosa pública.
Como si fuera poco, observar al presidente Martinelli bailando el “moving like Bernie” con decenas de jóvenes en instantes en que se registraban los enfrentamientos en la asamblea, evidenció que le importa poco lo que el pueblo haga o diga. Para muchos este fue otro acto de provocación.
Pero ¿qué busca el gobierno con estas provocaciones? ¿Qué hay detrás de estas acciones? Las respuestas sólo las tienen el gobierno y los más cercanos asesores del Presidente.
Lo más contraproducente es que en la página 30 de su plan de gobierno, el entonces candidato presidencial, Ricardo Martinelli nunca habló de la venta de estas acciones, por el contrario en el tema energético habló de hacer valer el peso de estas acciones que es del 49% para que el costo de la energía eléctrica bajara para no empobrecer más a los panameños. Esta es una de las principales promesas de campañas incumplida.
Ojo… mucho cuidado, nos están llevando a caminar por la endeble línea de la provocación. Quizás buscan tener los elementos necesarios para poder encontrar la fórmula para mantenerse en el poder mediante cualquier jugarreta política. ¡Cuidado… mucho cuidado!
