La Bitácora-Jueves 28 de junio de 2012
Los días negros vendrán
Nada parece impactar tanto al gobierno de turno más allá de un incidente que pueda hacer tambalear a los poderes constituidos.
No siento que el Gobierno ha reaccionado en relación a los pagos de pensión alimenticia, que un Ministro supuestamente aportaba a su ex esposa, mediante los ingresos de una Notaria administrada por su ex suegra.
Tampoco, el Órgano Judicial ha reaccionado con las faltas al ejercicio de las funciones de juez concurrentemente con el ejercicio de la abogacía.
O el negocio de las areneras o el monopolio de la pesca para favorecer a una familia del actual gobierno.
Estas son faltas tan graves que en cualquier país civilizado del mundo, los afectados ponen sus cargos a disposición, porque la vergüenza es mayor.
Nada descarta la posible recuperación de tierras de playas, que abiertamente, las partes reconocen que interceden a favor de los familiares de un Ministro y donde la tituladora de los bienes fue abogada y luego funcionaria encargada de los mismos quehaceres.
Creo que sobrepasamos los límites de cualquier tolerancia a la corrupción y mal manejo público. Se han perdido todos los escrúpulos y las cosas están a tal punto, que nada parece inmutar a los detentadores del poder.
Nunca pensé que el país caería en tanta ignominia donde ser ladrón, ser maleante o inescrupuloso es un adjetivo que no despierta ningún resquemor.
La fiesta continúa. Nadie siente la obligación de rendir cuentas ni salir a explicar sus actos u omisiones.
Creo que este camino nos traerá consecuencias nefastas para todos. Si hoy, nadie siente que paga por las consecuencias de sus actos, el día que esto reviente, porque algún día reventará como válvula de escape frente a tanta podredumbre, nadie tendrá el derecho a quejarse, ni a decir: “Cómo fue que llegamos a todo esto”.
Lamentablemente, ni la experiencia cubana de la década del 50 ni la experiencia venezolana de los 90, son campanadas para la población panameña.
Cuando el extremismo secuestre el país con la bendición y el alivio de toda la población, veré de qué servirá todo ese enriquecimiento ilícito que hoy se festeja en los altos círculos del poder.
Ni implorar a los aliados norteamericanos ni convertirse en paladines de la democracia y los derechos humanos, servirá para darle un viraje a la opinión pública.
Porque sí existe, ese momento, en donde la clase política tradicional (incluyendo a los locos) pierdan toda credibilidad y su voz e impaciencia no tendrá eco, porque mayor será el rencor contra ellos que los fundamentos y principios que dicen propugnar.
El significante dejará de tener su usual contenido y será asesinado en el lenguaje por simbolizar la farsa y lo inmundo. Córranse el riesgo, señores gobernantes, que no tendrán la oportunidad de disfrutar nada de lo que hoy ilícitamente acumulan.
