Hay tiempo para corregir
El gobierno de Ricardo Martinelli será recordado por obras importantes como el metro y el cambio del sistema masivo de transporte en la ciudad, pero lastimosamente también como el mandatario que más veces ha tenido que recular para reconocer que se equivocó al imponer leyes impopulares que motivaron el rechazo del pueblo.
Ejemplos de reculadas en esta administración hay varios: Ley Chorizo, que ocasionó manifestaciones en Bocas del Toro; Ley Minera que causó enfrentamientos con los indígenas Ngäbes Buglés en Chiriquí; el nombramiento del magistrado José Abel Almengor; el intento de instituir la Sala Quinta y sus magistrados; el intento de vender las acciones estatales de las empresas eléctricas y de telefonía, la instalación de cámaras boleteras, entre otros.
La mayoría de estas iniciativas tienen un denominador común: fueron inconsultas y al final de cada reculada el discurso era el mismo: “faltó más divulgación”.
Pero lastimosamente el gobierno no aprendió de cada lección anterior y continuó con su método de imponer iniciativas legislativas o “camarones” nocturnos inconsultos, que desembocaron en manifestaciones callejeras que en los casos de Bocas del Toro y Chiriquí culminaron con pérdidas de vidas.
A pesar de que el Presidente dijo que haría las cosas diferentes, que él no era más de lo mismo, está cometiendo las mismas faltas que sus antecesores y así como Martín Torrijos creó una Comisión de Estado por la Justicia para aplacar la crisis surgida en la Corte Suprema de Justicia; Martinelli envió a la Concertación Nacional los temas que crearon su última crisis. En el caso de Torrijos, no cumplió con lo acordado en la Comisión de Estados y Martinelli ya anunció que lo que salga de la concertación no es vinculante. En ambos casos sólo se apagaron crisis de momento.
Al mandatario aún le quedan dos años para corregir sus equivocaciones, porque decir que todo lo que ha hecho esta administración es malo es faltar a la verdad, hay muchas iniciativas positivas que lastimosamente quienes tienen el deber de resaltarlas no lo han sabido hacer.
Si el mandatario escuchara más a quienes les hacen críticas constructivas, que aquellos “chupamedias” que le hablan al oído y le dicen que todo está bien, quizás podría enmendar el rumbo. Tiene la posibilidad de salir por la puerta ancha, pero escuche menos a aquellos que siempre lo adulan y más a quienes quieren un mejor Panamá.
