Tranque Infernal: mi mejor amigo
Lucía se levanta a las 3:00 de la madrugada para hacer el desayuno a sus hijos. Ella vive en Pacora y tiene un carro de segunda. Ya a las 3:40 am deja el desayuno servido y tapado para que cuando sus tres hijos se levanten, coman antes de ir a la escuela. A esa hora sale de su casa y tarda tres horas y media para llegar a Perejil donde trabaja en un almacén.
Después de una jornada de 8 horas de trabajo y media de almuerzo, sale rumbo a su casa. Ella dice que el tranque a las 5:30 de la tarde se ha convertido en su mejor amigo.
Los primeros meses cuando empezaron a cerrar las calles producto de las obras que se realizan ella se estresaba mucho, maldecía y gritaba a todo conductor que no le cedía el paso, le tiraba el carro, etc, etc, etc.
Pero ahora ha tomado las cosas con calma. Sabe que tardará en llegar a casa otras tres horas debido al pesado tranque.
Todos los días miles de personas se dirigen hacia las afueras de la ciudad donde han logrado conseguir una casa a un precio accesible. Muchos rezan para que no se registre ningún accidente, porque sino demoran hasta cinco horas para llegar a sus casas.
Ella ha optado por poner música suave, lleva una novela e incluso compra algo de “picar” porque ya a esa hora le produce fatiga no haber cenado.
Afirma que ya casi no ve a sus hijos, ni les puede ayudar con las tareas. Los fines de semana les reitera que ellos “están grandes” y tienen que poner de su parte y estudiar. Pero ella sabe que su responsabilidad es supervisarlos, escucharlos y mimarlos. Pero por ahora debe trabajar para poder comprarles su ropa, comida y pagarles la escuela.
Lucía no ha dejado que el tranque la mortifique. Pero en el barrio tiene una amiga cuya salud se ha deteriorado en las últimas semanas. Según ella, debido a la presión arterial alta. Todo parece indicar que el estrés de pasar 6 horas diarias al frente del volante es algo que no sabe manejar e incide en su salud.
Ella le aconseja que “no coja rabia”, que se va a morir más rápido y que las cosas por ahora no van a cambiar.
Como la de Lucía hay muchas otras historias del sacrificio que están haciendo lo panameños para llegar a tiempo a sus trabajos.
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