La Bitácora-Lunes 30 de julio de 2012
¿Dónde está ese espíritu nacional?
Es contante la queja generalizada, de por qué el panameño no reacciona, cuando ve amenazada su democracia, la institucionalidad política, los derechos humanos o el Estado de derecho.
Si en realidad subiste todavía un sentimiento nacional, que motive al panameño a luchar por su país, ante el deterioro político, social o económico, se manifiesta un fatalismo neutralizador de la acción política.
La profunda desilusión llega a los extremos del derrotismo. De qué vale luchar si todo seguirá igual.
Hay los que frente a alguna iniciativa opositora llegan inclusive a descalificar los intentos de organización. Escuché que al Frente por la Democracia un connotado cantante la denominó Frente por la Papacracia.
Navegamos entre el fatalismo de las clases profesionales y la ausencia de un sentimiento nacional de muchos. Los primeros se alejan de la vida política, valorando su virginidad frente a los quehaceres nacionales.
Los otros participan de la vida política y enfocan su atención en el poder, como una forma de hacer cosas y hacerse de sus haberes patrimoniales.
La pregunta es, ¿cómo hemos llegado a esta situación de deterioro? Creo encontrar una respuesta, en el desconocimiento de la historia nacional.
Los panameños no conocemos nuestra propia historia. Mala, perversa o buena es algo que debemos racionalizar como parte integrante de la nacionalidad. Es el conocimiento de la historia lo que permite aflorar el espíritu nacional.
Los pueblos sin espíritu nacional se relacionan dentro de la comunidad de naciones como zombi, sin visión o estrategia. Sin conocer su papel o rol en la comunidad de nacionales.
En Panamá el espíritu nacional se ha debilitado. Lo mantuvo por muchos años vivo la lucha por el Canal y la integración nacional.
Pero, luego de haber culminado esa lucha, es como si se hubiera producido un vacío espiritual que nos ha transformado en zombi.
Cualquier gobierno, que desee continuar fortaleciendo a la nación panameña y sus caracteres, deberá hacer ingentes inversiones en restablecer los pilares fundacionales de la nación panameña y proyectarla hacia el Siglo XXI y en adelante. Y esto se empezará a lograr cuando empecemos a escribir nuestra historia como fue y no versiones desinfectadas.
Y conociendo nuestra real historia nacional, que aún permanece sin escribir por razones de las responsabilidades de las clases pudientes y sus mezquinos intereses económicos, lograremos aflorar ese espíritu nacional que permanece dormido.
Una vez que despierte, seremos capaces de ver las injusticias y desigualdades de nuestra propia organización política y nos permitirá desarrollar las estrategias para lograr generar los eventos, que nos permitan avanzar hacia una sociedad más humana, justa y equitativa.
