La Bitácora- Martes 31 de julio de 2012
El sentimiento nacional
Yo quisiera saber que sentía Mateo Iturralde en su corazón, por esta pequeña franja de tierra en las Américas, cuando en 1881 pronunció esa famosa frase: “Yo no vendo mi Patria.”.
Y la pronunció cuando, como diputado, se le exigía que aprobara nuevas prebendas y ventajas al Ferrocarril de Panamá durante el gobierno de Rafael Núñez.
O qué duende le inquietaba la vida a Ricardo Miró, cuando en 1909 ejerciendo funciones consulares en Barcelona, escribió el poema “Patria”, que constituye uno de esos mitos fundacionales de la nación panameña.
Qué agonía sentía Amelia Denis de Icaza en su corazón cuando se lamentaba por la pérdida del Cerro Ancón, que para entonces se transfería a jurisdicción norteamericana.
Y hablo de panameños de finales del Siglo XIX y principios del XX, cuando tanto las ciudades de Panamá y Colón eran verdaderas pocilgas. Infectadas por enfermedades tropicales, calles que se convertían en lodazales con las insistentes lluvias tropicales y la ausencia de condiciones higiénicas y sanitarias para el tamaño de la población que residía intramuros y extramuros en la ciudad de Panamá o en la Ciudad Isla de Colón conocida como Aspinwall.
Y es que, a Ricardo Miró, no lo entiendo porque, si bien residía en una ciudad modernista como Barcelona a principios del Siglo XX con todo el bagaje cultural y cosmopolita, ponía sus ojos a un pequeño terruño virgen e inexplorado, húmedo e infectado de enfermedades tropicales y que se limitaba para su vida económica predominantemente en las ciudades de Panamá y Colón como zona de tránsito transcontinental.
Cómo poder comparar Barcelona y negarla tres veces y sin embargo, escribirle versos a lo que desde la perspectiva europea era zona de barbarie.
Ese profundo amor que le salía desde las entrañas no pudo ser algo más que percibir el futuro del entorno que lo vio crecer y que con la materialización de un viejo sueño de unir ambos continentes, encontraba ahora su viabilidad y marcaría para siempre su terruño como punto de referencia en el mundo.
“Patria” solo podría ser interpretado como una materialización del anhelo íntimo por el reconocimiento de su existencia. Pero ese deseo fue secuestrado por el deseo de otro que, en busca del reconocimiento geopolítico mundial, necesitaba secuestrar y apoderarse del sueño nacional.
Y en cierta medida, fuimos castrados como país y sometidos a la subordinación del amo, que impone su voluntad frente al súbdito, que en su debilidad reconoce que antes que morir, prefiere sus cadenas.
Y esa condición de súbditos, creó las condiciones dialécticas para la lucha y generaron eventos que marcarían el camino hacia la liberación de nuestro territorio.
Nuestro sentimiento nacional se fortaleció con esa lucha y somos panameños, porque afianzamos ese amor y ese interés genuino de liberarnos del yugo colonialista en las entrañas de nuestro país.
