La Bitácora-Miércoles 1 de agosto de 2012
La juventud de hoy y el espíritu nacional
Si hoy recorremos la Avenida de los Mártires, la Avenida Omar Torrijos, Albrook, Clayton o Amador y le dijéramos a un joven de veinte años que, apenas unos cuarenta años atrás esa área del territorio nacional era administrada por un país extranjero, no lo entendería.
Si le dijéramos que los carros debían portar una placa adicional para poder circular, no lo creería. Ese joven de veinte años quizás no sabe que en esas áreas las infracciones de tránsito se pagaban a las autoridades americanas y que si se cometía un delito se le juzgaba por tribunal extranjero y sometido a cárceles administradas por extranjeros.
Ese joven que ve la bandera panameña enarbolar el Cerro Ancón, quizás también desconoce que a su cima ningún panameño podía llegar.
Que existía una segregación racial de los habitantes dentro de esa área donde si eras negro vivías en Paraíso o Pedro Miguel y si eras blanco en Quarry Heights, Albrook, Clayton, Cárdenas o Amador.
Ese joven de veinte años aprendió a vivir en su ciudad de Panamá sin límites territoriales, sin cercas de alambre y púas donde no se podía transitar.
A ese joven panameño los grandes eventos históricos nacionales ni siquiera le dicen algo. Pero si le pones un reguetón, le mueves el piso, le sube la palpitación del corazón y se sabe de memoria, la letra de la canción.
Ese joven conoce de marcas y de modas. Tiene una forma particular de peinarse. Le interesan las fiestas, los accesorios para el cuerpo y su estilo de vida.
El espíritu nacional nunca le ha nacido, a menos que, juegue la marea roja o un atleta panameño gane algún título mundial.
Y luego, nos preguntamos por qué tanta dejadez en los asuntos nacionales. Pero existe una respuesta.
Un ser que desconoce la historia de cómo hemos llegado hasta aquí y que pasó mucho antes para que todo el entorno que hoy vive se haya producido, no puede lograr que le aflore el espíritu nacional.
Si desconoce cuánta sangre, sudor y lágrimas se ha vertido para alcanzar lo que hoy se posee, nunca tendrá las energías ni el espíritu para ir por aquellas tareas nacionales pendientes.
El joven tiene que vivir dentro de una dinámica socio-histórica y solo lo puede lograr conociendo los sucesos nacionales.
Y esa historia nacional, hay que inculcársela hasta por la fuerza, por los oídos, por la boca, por la nariz y los poros. Porque sin ella, no se puede ser parte de la panameñidad y tampoco útil como ciudadano. Y es de eso lo que nos hemos olvidado.
No hay espíritu nacional sin historia. No hay conciencia nacional sin espíritu. Y no hay avances sociales sin eventos que generen temblores sísmicos políticos.
Por eso, aquí nadie hace nada.
