La desesperación de una madre
El reciente incidente protagonizado por Mónica García de Serrano en la Asamblea Nacional donde lanzó huevos al pleno, generó el rechazo de muchos en el país y obligó al presidente de la Asamblea, Sergio Gálvez a arreciar las medidas de seguridad y quitar las escoltas a los diputados para proteger el perímetro legislativo. A propósito, no sé cuánto destina la Asamblea a la seguridad.
No aplaudo el gesto, pero tampoco juzgo a la señora García de Serrano por su acción. Su caso es digno de consideración.
No sabe nada de su hijita desde hace 9 a 10 años, pese a todo el esfuerzo realizado tanto en Panamá como fuera del país. Tanto ella como su esposo han tocado puertas, buscando a su niña, sin resultado alguno.
La incertidumbre sobre si está o no viva es peor, para una madre que se resiste a pensar que la niña ha muerto. Mantiene la esperanza que la criatura esté viva.
Yo trabajaba en la madrugada en KW Continente y recuerdo que al llegar a laborar, recibí un papel que todavía conservo, con una fotocopia del padre, Castor Serrano, con su niña ( año y medio de edad) en brazos, en el que informaban la desaparición de Moniquita desde las 5:30 de la tarde del sábado 8 de febrero de 2003 y daban los números telefónicos para que pudieran entrevistarlos. Físicamente, la pequeña tenía un gran parecido con su padre.
Hablé varias veces con el padre y con la madre de Moniquita, Mónica García, sobre cómo se sentían, cómo había afectado a la familia y al matrimonio la pérdida de la niña, además de las gestiones que se hacían, del descontento con las autoridades que debían investigar el hecho.
Con el paso del tiempo, mucha agua ha pasado bajo el puente, desde personas detenidas y juzgadas por el caso y luego liberadas, las versiones sobre una supuesta amante del padre de la niña como autora del rapto y luego el hallazgo de una niña en Ecuador de quien creían era Moniquita y luego se aclaró que era otra niña panameña. Y muchas, muchas conjeturas.
Pero, nada, nada, sobre Moniquita, ni para bien ni para mal.
Pregunto, ¿es posible para una madre, vivir en esta situación, sin que le afecte? No lo creo. No quisiera estar en los zapatos de Mónica García de Serrano.
Por ello, estoy de acuerdo con la abogada Carmen Antony en que Mónica García de Serrano reflejó la impotencia ante la injusticia.
