La Bitácora-Martes 7 de agosto de 2012
Ni europeos ni occidentales
Hace unos quince años atrás, yo tenía una especie de apuesta con el economista Marcos Fernández. En ese entonces, le decía que a Panamá le tomaría 145 años salir del subdesarrollo.
Y ambos nos reíamos de la exagerada opinión que tenemos los panameños de nosotros mismos (a pesar de lo insignificantes que somos en los asuntos del mundo).
Nosotros nos vanagloriamos que somos de cultura europeizante. Y de europeos no tenemos más que la costumbre de comer con tenedor y cuchillo, la forma de vestir, algo de las artes culinarias y la imitación de las formas políticas del europeo. E incluyo a toda la América Latina en este grupo.
Y no seremos jamás europeos porque no participamos del pensamiento intelectual europeo, que en realidad lo lideran tres países. Francia, Inglaterra y Alemania.
Nosotros recogimos de Europa el pensamiento retrógrado español. Anclado en la fe religiosa y su concepción de imperio saqueador de las colonias de ultramar.
Nuestra cosmovisión es la mezcolanza de tres cosmovisiones: “la española, que se ancló en la edad media, la indígena y la africana”. De esa mezcolanza no ha surgido una visión clara.
No seremos jamás suizos. Y menos europeos, porque la edad de la iluminación, las ciencias exactas, la separación iglesia y Estado, la razón y la fe, los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad, son apenas injertos formales que hemos adoptado, pensando que con ello logramos algún nivel de equivalencia con los europeos.
Y es cierto que la cultura marca y la europea es muy distinta a la nuestra. Pero si vemos lo que ocurre en otras latitudes, como las experiencias asiáticas de Japón, Corea, Singapur, Taiwán y ahora China, éstos han podido incorporar a sus sociedades la idea del progreso y la concepción científica europea para saltar al desarrollo.
No adoptaron los conceptos o principios sobre derechos humanos, institucionalidad democrática, libertad de prensa y expresión, tolerancia política y religiosa, derecho a disentir, los frenos y contrapesos o la independencia judicial.
No creo que la dirección de la historia les permitirá salir airosos. Pero, a diferencia de nosotros, al adoptar la concepción científica europea incorporan “la razón” como instrumento para los misterios de la naturaleza y la innovación tecnológica.
A diferencia de los asiáticos que van por ese rumbo, me pregunto, ¿qué han racionalizado los latinoamericanos del pensamiento intelectual europeo? Yo podría decir que casi nada.
Si usted le pregunta a cualquier estudiante de escuela secundaria sobre Rousseau, Montesquieu, Kant, Hegel, Marx, Nietzsche o Heidegger y sus contribuciones al pensamiento intelectual, ninguno de éstos le dice algo.
¿Cómo podemos decir que somos europeos u occidentales?
