Hacen falta profetas
Los textos antiguos no sólo relatan datos interesantes de la historia, también revelan perversidades de la especie humana. El texto masorético o hebreo del Antiguo Testamento (A.T), copiado en idiomas tan antiguos como su escritura, es un ejemplo de ello. Es la literatura religiosa del judaísmo y una porción de los documentos que conserva el cristianismo. Consigna relatos del papel de los profetas en la vida del Israel antiguo. Esos episodios han llegado a transformarse en teología para dos de las tres religiones más influyentes del planeta, el judaísmo y el cristianismo.
Dos connotaciones subyacen en la literatura hebrea sobre los profetas. Una se origina de la expresión “nabi”, derivada probablemente de una raíz que significa, anunciar o proclamar. La otra proviene de la voz roéh que quiere decir el vidente o el que ve lo que Dios le muestra en visiones o sueños. Ambos conceptos conciben al profeta como instrumento de Dios, es decir, aquel por medio del cual Dios habla.
Los relatos sobre la corrupción y maldad de reyes y sacerdotes del Israel antiguo, registrados en los textos hebreos, demuestran el papel que jugaron los profetas. Fueron mensajeros que denunciaron las desviaciones de los líderes y los desaciertos del pueblo. No sólo reprochaban los pecados, también invitaban al arrepentimiento, aludiendo a las consecuencias y anunciando el futuro en el marco de esas repercusiones.
Jeremías, el profeta llorón, se atrevió a expresar: “Así dice el Señor: hasta los profetas y sacerdotes son impíos; en mi propio templo los he encontrado haciendo el mal. “Los he visto hacer cosas horribles, cometen adulterios y fraudes”.
Natán, el profeta, acudió al rey David y hablando como vocero del Señor le dijo:” ¿Por qué despreciaste mi palabra, e hiciste lo que no me agrada? Has asesinado a Urías el hitita, usando a los amonitas para matarlo y te has apoderado de su mujer. Puesto que me has menospreciado al apoderarte de la esposa de Urías el hitita para hacerla tu mujer, jamás se apartará de tu casa la violencia”.
Pensemos en el hoy. Los reyes podrían representar a los mandatarios; los sacerdotes y profetas, a los líderes de las instituciones religiosas. En el presente, los profetas parecen escasear, aunque abundan los espurios, igual que en los tiempos bíblicos.
El presente visibiliza a ministros y religiosos que defienden a gobernantes insensatos, inmorales y corruptos. Justifican sus desviaciones con la excusa de ser la autoridad impuesta por Dios. Vaya manera de torcer los textos y anarquizar la interpretación de los documentos que dicen venerar. ¿Qué tienen que ver las cuestionadas democracias de nuestro planeta, plagadas de demagogia y engaño, con los relatos bíblicos y el contexto de lo dicho por el apóstol Pablo en una de sus cartas?. Es la típica forma como muchos suelen torcer los textos para sus propios beneficios.
Los profetas de la era contemporánea se fueron. No hay quien funja como piedra en el zapato de mandatarios fermentados. Qué decir de Martin Luther King, hijo de pastor bautista y pastor, quien murió el 4 de abril de 1968 abatido por una bala en la cabeza, a manos de un franco tirador. Luchó contra la discriminación racial y la defensa de los derechos civiles en Estados Unidos. En uno de sus discursos King apuntó: “Una nación que gasta más dinero en armamento militar que en programas sociales, se acerca a la muerte espiritual”.
“De nada sirven las reformas si van teñidas de tanta sangre”. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. “Una ley inmoral nadie tiene que cumplirla.” Así se expresaba Monseñor Oscar Arnulfo Romero, sacerdote católico y arzobispo en El Salvador. Confrontó a la cúpula corrupta militar que asesinó a miles de salvadoreños y luchó por los más humildes de ese país centroamericano. Se opuso a los extremos, tanto de la derecha como a la izquierda. Fue asesinado el 24 de marzo de 1980.
Los profetas contemporáneos que existieron siguieron la misma suerte que muchos de los que registran los documentos antiguos, la muerte.
Dónde están los profetas de hoy que en lugar de actuar como aduladores de mandatarios y poderosos, se atrevan a expresarle a un líder, como hizo Juan el Bautista con Herodes Antipas:” No te es lícito tener la mujer de tu hermano”. El mensajero se refería a la relación prohibida que Herodes mantenía con su cuñada, la mujer de Felipe, su hermano. Esto provocó que la hija de su amante, instruida por su madre, exigiera al Gobernador la cabeza del Bautista.
No se escucha a estos grandes predicadores, en las gigantescas concentraciones públicas y hasta televisadas, expresar a ninguno de los Presidentes de este país: “No te es permitido engañar a tus electores. Devuelve el dinero que has logrado obtener mediante los negocios del Estado, haciendo uso del chantaje, la extorsión y la coima”.
Las instituciones religiosas no emiten comunicados reprochando la manera como los gobiernos asfixian a los marginados con nuevos impuestos, salarios de hambre, ni exigen investigaciones por las denuncias en los supuestos actos de corrupción de los funcionarios del estado, o reaccionan por lo que hacen las grandes multinacionales al llevarse las riquezas nacionales en detrimento del país. Hacen falta profetas!
Hoy pastores y apóstoles llaman a Presidentes, y candidatos electoreros a sus cultos, para embarrarlos de aceite y susurrarles al oído lo que ellos quieren escuchar. Hacen falta profetas!
