La Bitácora-Martes 11 de septiembre de 2012
Para interpretar encuestas
En Panamá es muy difícil interpretar encuestas. Y hay dos razones primordiales. En primer lugar hay que presumir una suspicacia por las empresas encuestadoras.
Este es un país muy chiquito y los encuestadores, igual que la mayoría de los panameños, tienen su corazoncito comprometido.
Algunos por los negocios que algunos de los sujetos que miden puede representarles y en otros por inclinación política o ideológica, familiar o de amistad. Y la mayoría de las encuestas, que tienen este sesgo, envuelven a su vez unos resultados fuera de lo lógico.
Puedo creer que las diversas cosmovisiones de los panameños producen resultados contradictorios o que sea el miedo el que impide que se produzcan respuestas correctas de la realidad.
Porque en ocasiones se da algo así como la del estudiante de medicina que fracasa en todas las materias médicas pero no en las sociales.
El resultado lógico es que no puede ser idóneo para practicar la medicina, pero la Universidad donde estudia le otorga el título.
En las encuestas pasa lo mismo. El gobernante es medido en todos sus actos y gestiones. Fracasa en todos menos en dos y sin embargo levemente supera la balanza de su gestión a su favor.
Si le preguntas al encuestado si quisiera verlo repetir en el cargo te dice abrumadoramente que no, pero cuando lo mides en cuanto a la intención de voto una mayor cantidad de personas lo elige a él por encima de otros.
Estas incongruencias en los resultados suponen un interés de solo jugar con la cadena, pero no con el mono y es lo que me obliga a mirar toda encuesta en Panamá con suspicacia.
Pero dentro de todo estos “caveats” hay una constante que no se puede evitar. La gestión gubernamental medida línea por línea es un verdadero desastre.
No hay nada, fuera de la ilusión del Metro y las jumbo tiendas que no llegan a 500 como prometieron, los únicos casos de aplausos.
Ningún gobierno puede vanagloriarse de popular si las dos terceras partes lo considera un gobierno corrupto.
O donde nadie quiere repetir la pieza del baile con el mismo pretendiente o donde quienes deben hablar consideran que la libertad de expresión está muy amenazada y la seguridad esta o igual o peor que antes. Que todo esto sea percepción. Es cierto, pero con una encuesta así en los detalles es donde están las respuestas.
Y como el caso de Quevedo, cómo decirle a la reina que es coja. “Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja” Buen intento de Ditcher & Neira.
