WIND OF CHANGE
“Wind of change” es el título del gran éxito del grupo rockero alemán, “Scorpions”, que en 1991 se convirtió en el favorito de millones de personas en todo el mundo. ¿La razón? Le cantaba a los vientos de cambio que años antes habían logrado derribar el muro de Berlín.
La cortina de hierro había sucumbido luego de esfuerzos de amantes de la democracia en la Alemania comunista, quienes protestaban en varias ciudades o huían del régimen a través de Hungría o Austria. Entre 1989 y 1991 el ajedrez político cambió dramáticamente y los gobiernos prosoviéticos de Europa fueron cediendo ante los vientos de cambio.
Recuerdo esto porque lo que estamos viendo en los países árabes, desde enero pasado, es de alguna manera una repetición de los hechos que se dieron en la atribulada Europa del Este. Es, a mi modo de ver, el principio del fin de una serie de dictaduras opresivas cuyos habitantes no están dispuestos a tolerarlas por más tiempo.
En su libro “Reconciliación. El islam, la democracia y el mundo occidental”, Benazir Bhutto, ex primera ministra y líder demócrata de Pakistán, señala que “Para que la democracia se afiance entre los miles de millones de musulmanes del planeta, el movimiento debe venir de nuestro propio pueblo al enfrentarse a las fuerzas del extremismo, el fanatismo y el autoritarismo dentro de nuestras propias sociedades”.
La sentencia de Bhutto, quien dio su vida por la democracia, no puede ser más contundente. Ni en Afganistán, ni en Irak ha sido posible instaurar una democracia pacífica, luego de los bombardeos. En cambio en Túnez y Egipto, el pueblo salió a las calles para reclamar el fin de las tiranías de Zin Al Abidin Ben Alí (24 años en el poder) y Hosni Mubarak (30 años en el poder). En ambos lugares miles de jóvenes perdieron el miedo, fueron a reclamar libertad y hoy día tienen un panorama alentador.
La juventud ha jugado un papel fundamental en estas revueltas que se han contagiado a Libia, Bharéin, Argelia y Marruecos, entre otros países de mayoría musulmana. Leí un artículo en el diario El País, de España, en donde a los manifestantes les llamaban “la ciberjuventud democrática”, la cual elogian por su “claridad de ideas, valentía y tenacidad”. Es que estos muchachos armados de la tecnología de la información han puesto a tambalear a los dictadores de esos países.
En Egipto la revolución fue conducida por estudiantes moderados y con un aceptable nivel de educación residentes en las ciudades, según relataron los cables internacionales. En Marruecos, las protestas han sido convocadas por Facebook y han tenido lugar en al menos cuatro ciudades. En Libia, los jóvenes en cada convocatoria a protestas reciben cada vez más adhesiones en la red social, a pesar de la brutal represión del gobierno de Gadafi que ha provocado la muerte de al menos 300 personas. Las pocas imágenes que salen de Libia son videos caseros de los protestantes.
Benazir Bhutto expresa, en su libro, que “conversar a través de internet con personas de todo el mundo construye relaciones, amistades y comprensión… Entre más interactúen, menos probable será que teman a lo desconocido”. Esta parece ser la gran lección de lo que la tecnología ha hecho en favor de la democracia. Los 42 años en el poder del líder libio, antes relacionado con el terrorismo internacional, tambalean ante los vientos de cambio que produce el “clic” de la tecla “enter” o de la tecla “send”.
Muchos allí y en otros países aguardan para cantar el coro de la vieja canción de Scorpions “Take me to the magic of the moment on a glory night. Were the children of tomorrow dream away in the wind of change”.
