Sobre Carrera Administrativa
Hace unos días teníamos que escoger un tema de actualidad para un sondeo en las calles. Uno de los periodistas propuso preguntar ¿qué opina sobre las reformas a la Carrera Administrativa? Le respondí que me da la impresión que el tema sólo lo dominan los funcionarios públicos, o por lo menos la mayoría provienen de ese sector laboral.
Lo digo porque en las últimas semanas he escuchado repetitivamente la pregunta ¿eso de Carrera Administrativa qué es?
De la manera más sencilla posible les dije a quienes me hicieron la pregunta, que es un mecanismo que busca dar estabilidad laboral a los funcionarios públicos, para evitar que pierdan sus empleos por caprichos de un jefe o como pasa generalmente, cuando hay cambio de gobierno.
También les dije que por mi experiencia durante algunos meses de servicio en el Estado, para ingresar en ella, se exigen ciertos requisitos básicos, como por ejemplo dominio de las funciones en el cargo que ocupa –durante el proceso de acreditación-, determinado período en el ejercicio del mismo y en ocasiones, los créditos académicos en carreras del área.
También es bueno reconocer que la Carrera si permite la destitución del funcionario, siempre que su superior pruebe, de manera objetiva y documentada, que el funcionario incumple instrucciones, y/o comete faltas.
No deja de ser, en consecuencia, un mecanismo justo, visto desde esa perspectiva, sin embargo, debo apuntar que el mismo si adolece de algunas fallas, como de hecho sucede en el Sistema Estatal de Radio y Televisión, donde me tocó laborar durante el período en que la institución ingresó a Carrera Administrativa. Allí, para mi sorpresa, algunos cargos fueron designados con nombre y apellido prácticamente a perpetuidad, cuando se hizo la evaluación y posterior acreditación.
Por ser amigos, parientes o recomendados de alguna alta autoridad, esas personas ganaron con la Carrera Administrativa la “patente de corso” para apoderarse del puesto –en ocasiones de jefes- y por supuesto del salario sin importa la incapacidad y el bajo desempeño.
Reitero que el mecanismo, bien aplicado puede resultar justo, pero su revisión y modificación eran necesarias para poner orden.
Nos toca en adelante, confiar que los movimientos de personal que se hagan a raíz de esta modificación a la Ley, sean basados en capacidad profesional y verdadero concurso de eficiencia.
