Papa y Periodista
Ser periodista nos es nada fácil. Para muchos estar desde su casa viendo un noticiero de televisión resulta a veces muy cómodo criticarnos, pensar que se debió preguntar x o y asunto, que el periodista es insensible o hasta llegar a creer que uno está parcializado con algunos temas específicos.
Sin embargo, el tiempo y la trayectoria, le dá a los verdaderos profesionales de la pluma la credibilidad necesaria para hablar con propiedad, y ser juzgados en su justa dimensión.
Cuando uno tiene los pies sobre la tierra y no se cree el papá de tarzán cuando tiene un micrófono en la calle, uno procura siempre la objetividad en su trabajo, ya que sabe la gran responsabilidad que tenemos los periodistas al emitir cualquier tipo de información por muy simple que parezca. Las comparaciones son odiosas, pero somos los periodistas los únicos que publicamos nuestros “errores”, los abogados los encarcelan y los médicos entierran sus errores. Esta exposición permanente de lo que hacemos nos hace vulnerables a la constante crítica de nuestra audiencia.
Mi hijo de tan sólo 10 años de edad se molesta cuando alguien dice algo malo de su papá y él es mi fanático número uno cada vez que salgo en la televisión . Un día me dijo conversando que le agradaba mi trabajo por que se ayuda a mucha gente que lo necesita. Reflexioné un poco, respondiéndole que de allí se deriva nuestra verdadera vocación, cuando podemos con nuestra labor ayudar a otras personas y todos juntos trabajar por un mejor Panamá. Que sabios son los niños. Le doy gracias a Dios por permitirme ser papá y periodista.
